Y después de todo,
cuando la mano se cansa,
no hay camino ni ruta
que siga el pensamiento creador;
se acaba el hombre
y se queda el espejismo
de un algo inexistente
en la profunda esencia
de la transformación social.
De Cariñando en Humedades
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domingo, 10 de enero de 2010
ALGO ASÍ COMO LA RABIA
Fuimos algo así como la rabia
un ser sin estar en medio de la batalla
una vida que se va
hacia un futuro carente de esperanza...
De Cariñando en Humedades
un ser sin estar en medio de la batalla
una vida que se va
hacia un futuro carente de esperanza...
De Cariñando en Humedades
FUGA A LA MONTANA
Subir a la montaña y perderse
en su negra amargura,
en su profunda conciencia.
Encontrar en la muerte
el amor que el capitalismo negó.
Escupir toda efigie sagrada.
Ser personaje de este tiempo
y a la vez estar fuera de él.
Querer ser necesario,
cuando el que necesita es uno...
Mandar al carajo toda la teoría
preñada de individualismo ególatra,
terminar con mis ansias de Mesías iracundo.
Y, en última instancia,
mi amigo,
dejar de mentirte:
no hay posibilidad de existencia
feliz en este mundo
que tuvo la desgracia de verte nacer
en lo más alto
de su rotundo y fétido seno.
De Cariñando en Humedades
en su negra amargura,
en su profunda conciencia.
Encontrar en la muerte
el amor que el capitalismo negó.
Escupir toda efigie sagrada.
Ser personaje de este tiempo
y a la vez estar fuera de él.
Querer ser necesario,
cuando el que necesita es uno...
Mandar al carajo toda la teoría
preñada de individualismo ególatra,
terminar con mis ansias de Mesías iracundo.
Y, en última instancia,
mi amigo,
dejar de mentirte:
no hay posibilidad de existencia
feliz en este mundo
que tuvo la desgracia de verte nacer
en lo más alto
de su rotundo y fétido seno.
De Cariñando en Humedades
LOCURA AFERRADA
Me aferraré a mi locura.
No dejaré que nadie se atreva
a mancillar mi lógica creencia de desenfado
con el débil y trillado argumento
de la posición social,
el confort
o el utilitarismo.
Esta era es un tiempo de desencanto
y los seres pretenden transcurrir intactos,
firmes, seguros y sin tacha,
como si la realidad no pesara,
como si el dolor no existiera,
como si la autoridad no ordenara
agresiva y estúpidamente altanera.
Y todo es un pesar
de tristes melancolías
y sueños despedazados...
Es que hasta su desinterés molesta.
De Cariñando en Humedades
No dejaré que nadie se atreva
a mancillar mi lógica creencia de desenfado
con el débil y trillado argumento
de la posición social,
el confort
o el utilitarismo.
Esta era es un tiempo de desencanto
y los seres pretenden transcurrir intactos,
firmes, seguros y sin tacha,
como si la realidad no pesara,
como si el dolor no existiera,
como si la autoridad no ordenara
agresiva y estúpidamente altanera.
Y todo es un pesar
de tristes melancolías
y sueños despedazados...
Es que hasta su desinterés molesta.
De Cariñando en Humedades
LOCURA AFERRADA
Me aferraré a mi locura.
No dejaré que nadie se atreva
a mancillar mi lógica creencia de desenfado
con el débil y trillado argumento
de la posición social,
el confort
o el utilitarismo.
Esta era es un tiempo de desencanto
y los seres pretenden transcurrir intactos,
firmes, seguros y sin tacha,
como si la realidad no pesara,
como si el dolor no existiera,
como si la autoridad no ordenara
agresiva y estúpidamente altanera.
Y todo es un pesar
de tristes melancolías
y sueños despedazados...
Es que hasta su desinterés molesta.
De Cariñando en Humedades
No dejaré que nadie se atreva
a mancillar mi lógica creencia de desenfado
con el débil y trillado argumento
de la posición social,
el confort
o el utilitarismo.
Esta era es un tiempo de desencanto
y los seres pretenden transcurrir intactos,
firmes, seguros y sin tacha,
como si la realidad no pesara,
como si el dolor no existiera,
como si la autoridad no ordenara
agresiva y estúpidamente altanera.
Y todo es un pesar
de tristes melancolías
y sueños despedazados...
Es que hasta su desinterés molesta.
De Cariñando en Humedades
SANO DE REPENTE
I
El verdadero valor de mí mismo
ha caído en un letargo romántico
de querer ser quién ya no soy.
¿De dónde nace mi escepticismo?
¿Por qué no creo en nada ni en nadie?
¡Bah! No tiene caso ser quien ya no soy,
tal vez quien nunca he sido...
y, lo peor,
ni seré.
II
Y después de todo,
verme renacer pronto de mis escombros
con ímpetu y razón que antes no tenía.
III
Ponerme sano de repente
escribir todo lo que tenga en mi resentimiento
y caer loco de amargura,
con una sonrisa postorgásmica
en la cual mis leños ya no humean,
son sólo cenizas que se van remolineando.
De Cariñando en Humedades
El verdadero valor de mí mismo
ha caído en un letargo romántico
de querer ser quién ya no soy.
¿De dónde nace mi escepticismo?
¿Por qué no creo en nada ni en nadie?
¡Bah! No tiene caso ser quien ya no soy,
tal vez quien nunca he sido...
y, lo peor,
ni seré.
II
Y después de todo,
verme renacer pronto de mis escombros
con ímpetu y razón que antes no tenía.
III
Ponerme sano de repente
escribir todo lo que tenga en mi resentimiento
y caer loco de amargura,
con una sonrisa postorgásmica
en la cual mis leños ya no humean,
son sólo cenizas que se van remolineando.
De Cariñando en Humedades
ALCOESÍA
Ah qué triste soledad,
estado etílico de triste soledad,
embriaguez de frases fijas en la idea,
el intelecto convincente de letras adornadas.
Es mi mente la que vaga por los marcados senderos,
embrión exuberante de tan falsos vuelos,
la que entra triunfante en la farsa finita,
en la amarga tristeza de la vida inconclusa,
en la vida siniestra de las almas sin rumbo.
Vida común diferida en papeles,
soledad inmensa:
escritorio pluma silla;
inmensidad solitaria:
textos papel autor.
Tengo la soledad del álamo
con la publicidad del bosque.
Vida inconclusa.
Contradicción literaria.
¡JA!
De Cariñando en Humedades
estado etílico de triste soledad,
embriaguez de frases fijas en la idea,
el intelecto convincente de letras adornadas.
Es mi mente la que vaga por los marcados senderos,
embrión exuberante de tan falsos vuelos,
la que entra triunfante en la farsa finita,
en la amarga tristeza de la vida inconclusa,
en la vida siniestra de las almas sin rumbo.
Vida común diferida en papeles,
soledad inmensa:
escritorio pluma silla;
inmensidad solitaria:
textos papel autor.
Tengo la soledad del álamo
con la publicidad del bosque.
Vida inconclusa.
Contradicción literaria.
¡JA!
De Cariñando en Humedades
IRES Y VENIRES
Han pasado muchos años,
suficientes para que pocos
todavía recuerden algo.
Sin embargo,
el aroma de esos tiempos
sigue flotando en el aire.
Esa sensación de incertidumbre,
ira, angustia y desgarramiento,
todavía se presenta en las madrugadas,
antes lúcidas y hoy sombrías,
de los hombres ya maduros
que perdieron la esperanza.
Han pasado muchos ires
y venires hacia todos lados
y memorias hoy truncadas
no recuerdan ese olvido:
la omisión de la suficiente protesta,
la sumisión de la eterna impotencia.
Las buenas memorias de la mayoría
han borrado la historia de esos días.
Fósiles conscientes quedaron sepultados,
triturados bajo el precio fuerte
de absurdos apremios pecuniarios.
Los viejos resortes de la sensibilidad humana
se han enmohecido;
el poderoso brío de la creativa libertad altruista
disminuyó su impulso,
atosigado por el necio recuerdo renovado
de la vieja tradición individuocentrista.
De Cariñando en Humedades
suficientes para que pocos
todavía recuerden algo.
Sin embargo,
el aroma de esos tiempos
sigue flotando en el aire.
Esa sensación de incertidumbre,
ira, angustia y desgarramiento,
todavía se presenta en las madrugadas,
antes lúcidas y hoy sombrías,
de los hombres ya maduros
que perdieron la esperanza.
Han pasado muchos ires
y venires hacia todos lados
y memorias hoy truncadas
no recuerdan ese olvido:
la omisión de la suficiente protesta,
la sumisión de la eterna impotencia.
Las buenas memorias de la mayoría
han borrado la historia de esos días.
Fósiles conscientes quedaron sepultados,
triturados bajo el precio fuerte
de absurdos apremios pecuniarios.
Los viejos resortes de la sensibilidad humana
se han enmohecido;
el poderoso brío de la creativa libertad altruista
disminuyó su impulso,
atosigado por el necio recuerdo renovado
de la vieja tradición individuocentrista.
De Cariñando en Humedades
EMOCIÓN EXCEDIDA
Nunca acabarás de explicar
el porqué de tu excesiva emotividad.
La emoción te asalta en momentos
cada vez menos esperados.
A veces te traiciona.
Son oleadas de ira o de ternura,
de alegría o de amargura.
Y aunque a veces lloras,
nunca has golpeado:
es que la ira
no es tu pasión predilecta.
Lo sabes y te preocupa;
es más, te angustia.
De alguna manera,
preferirías ser presa de la rabia,
vivir enfurecido,
trazando tu propia historia
a fuerza de coraje.
Pero no.
No es el sudor de la furia
el que moja tu cuerpo,
sino el agua de una lluvia melancólica
la que te cansa el ánimo.
De Cariñando en Humedades
el porqué de tu excesiva emotividad.
La emoción te asalta en momentos
cada vez menos esperados.
A veces te traiciona.
Son oleadas de ira o de ternura,
de alegría o de amargura.
Y aunque a veces lloras,
nunca has golpeado:
es que la ira
no es tu pasión predilecta.
Lo sabes y te preocupa;
es más, te angustia.
De alguna manera,
preferirías ser presa de la rabia,
vivir enfurecido,
trazando tu propia historia
a fuerza de coraje.
Pero no.
No es el sudor de la furia
el que moja tu cuerpo,
sino el agua de una lluvia melancólica
la que te cansa el ánimo.
De Cariñando en Humedades
martes, 5 de enero de 2010
EL SEVERO DESENCANTO DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA
De todos modos la soledad se extiende
La ciudad no es de sol ni está vacía
seguimos prolongando las angustias cotidianas
el aislamiento personal
y no es paradoja el sentirme solo
hundido entre mis pares mis coetáneos
es que la multitud no garantiza compañía
no importa que los sienta físicamente cercanos
de nada vale su proximidad
tampoco cuentan nuestras voces
afinadas en el mismo tono
pronunciadas desde la misma intención.
También nuestras caras expresan lo mismo
unos más cantantes que otros más lamentantes
unos menos sonrientes que otros más desesperados
Y de dónde viene el aislamiento
si es tan lindo transcurrir sentado
siempre a la vista y visitando a los demás.
De todos modos
no obstante nuestra necesaria solidaridad física
nuestro completo parecido
nuestra idéntica condición
la soledad se levanta majestuosa
disparando destellos de luces
negras rojas y amarillas
Se incorpora
levanta su ancho pecho poderoso
mira hacia abajo
y nos cubre con su sombra.
La ciudad no es de sol ni está vacía
La ciudad está repleta
pero no de esos seres que caminan
erguidos sobre sus dos piernas
perdidos en el laberinto urbano
La ciudad ni siquiera se llena
con esas viejas soledades
que oscurecen todas las presencias
y las convierten en ausencias
Esta es una soledad insípida
no se le encuentra aquel sabroso
sabor a melancolía
que inunda las tarde campiranas
cuando la ciudad sí es de sol
aunque esté vacía
tampoco es la clásica negra soledad
que lo inunda todo
ni la soledad incolora
que lo confunde
Esta es una soledad de tonos grisáceos
soledad tibia por no ser ni caliente ni fría
no es oscuridad ni luz
es sólo eso
sombra
y es la sombra de la soledad
la que le quitó el sol a mi ciudad
Esta soledad es una sombra amarga y tibia
que se extiende entre tumultos
ruidos de motor
claxonazos
histeria colectiva
y humo
Aquí entre esta multitud de automóviles
que se estorba a sí misma
sentado en mi pequeño confort
transcurro aislado
surcando junto con otros aislados
la sombría tibieza solitaria
de mi ciudad de humo
Millones de caballos de fuerza confundidos
inútilmente briosos
desperdiciados en el vano intento
de llevarnos a otro sitio
tal vez a dónde no haya soledad en el tumulto
tal vez a la soledad del vacío
tal vez a la no-soledad
o a la nada
Solo
yo mismo
en mí
con mi persona
envuelto en un largo río
de acero gasolina hule y caucho
Velocidades posibles de 140 180 y hasta 240 kilómetros por hora
Las agujas no rebasan los 40.
La ciudad no es de sol ni está vacía
seguimos prolongando las angustias cotidianas
el aislamiento personal
y no es paradoja el sentirme solo
hundido entre mis pares mis coetáneos
es que la multitud no garantiza compañía
no importa que los sienta físicamente cercanos
de nada vale su proximidad
tampoco cuentan nuestras voces
afinadas en el mismo tono
pronunciadas desde la misma intención.
También nuestras caras expresan lo mismo
unos más cantantes que otros más lamentantes
unos menos sonrientes que otros más desesperados
Y de dónde viene el aislamiento
si es tan lindo transcurrir sentado
siempre a la vista y visitando a los demás.
De todos modos
no obstante nuestra necesaria solidaridad física
nuestro completo parecido
nuestra idéntica condición
la soledad se levanta majestuosa
disparando destellos de luces
negras rojas y amarillas
Se incorpora
levanta su ancho pecho poderoso
mira hacia abajo
y nos cubre con su sombra.
La ciudad no es de sol ni está vacía
La ciudad está repleta
pero no de esos seres que caminan
erguidos sobre sus dos piernas
perdidos en el laberinto urbano
La ciudad ni siquiera se llena
con esas viejas soledades
que oscurecen todas las presencias
y las convierten en ausencias
Esta es una soledad insípida
no se le encuentra aquel sabroso
sabor a melancolía
que inunda las tarde campiranas
cuando la ciudad sí es de sol
aunque esté vacía
tampoco es la clásica negra soledad
que lo inunda todo
ni la soledad incolora
que lo confunde
Esta es una soledad de tonos grisáceos
soledad tibia por no ser ni caliente ni fría
no es oscuridad ni luz
es sólo eso
sombra
y es la sombra de la soledad
la que le quitó el sol a mi ciudad
Esta soledad es una sombra amarga y tibia
que se extiende entre tumultos
ruidos de motor
claxonazos
histeria colectiva
y humo
Aquí entre esta multitud de automóviles
que se estorba a sí misma
sentado en mi pequeño confort
transcurro aislado
surcando junto con otros aislados
la sombría tibieza solitaria
de mi ciudad de humo
Millones de caballos de fuerza confundidos
inútilmente briosos
desperdiciados en el vano intento
de llevarnos a otro sitio
tal vez a dónde no haya soledad en el tumulto
tal vez a la soledad del vacío
tal vez a la no-soledad
o a la nada
Solo
yo mismo
en mí
con mi persona
envuelto en un largo río
de acero gasolina hule y caucho
Velocidades posibles de 140 180 y hasta 240 kilómetros por hora
Las agujas no rebasan los 40.
BRUJA
Aquí estoy, Janis,
en tu enorme y restringido país.
Heme aquí, bruja de cabellos doblados.
Estoy aquí y puedo palparte,
sentirte bajo esas duras piezas,
duras arquitecturas brillantes y limpias,
sólidas e higiénicas hechuras.
Bajo esa pulcritud de cosmos,
Bruja Cósmica,
te siento venir grito a grito
cadencia a cadencia
ritmo a ritmo.
Aquí, Janis,
en tu país de solitarios,
de individuos fragmentariamente bellos y horribles.
Aquí en el orden sin mácula,
en el orden del desecho,
deshecha bruja del cosmos,
aquí estoy,
en tu cosmos deshecho de Bruja.
Y me hechizas,
linda mujer de amarguras,
y me embrujas,
Bruja,
voz de niña cachonda,
timbre de mujer enternecida.
¡Grita!
Canta tu vida deshecha
en este mármol de estatuas bellas,
en este mundo del confort y la apariencia.
( Soy lo que aparento
y lo que aparento soy.
Me mueven las impresiones
que manan de mi ser externo ).
Hechízame, Janis Joplin,
hazme el conjuro del blues.
Estridente niña loca
muéstrate aquí,
en este mundo de insólitos contrastes:
tu vida y tu voz.
Aquí que todo es (eres) desecho.
Aquí que lo bello se usa para tirarlo.
Aquí, belleza de esa infamia.
Aquí, víctima de aquí,
aquí, mártir de aquí,
aquí, conquistadora de aquí.
Aquí vendrán a mí tus fantasías,
haré mías tus realidades,
bruja trágica,
mujer inconclusa.
¡Janis! ¡Estoy en tu país!
¡Janis! ¿Por qué no estás aquí?
Janis, ¿por qué te quedas muerta y cantando,
matándome en esta vida mía,
reviviéndote en tu propia muerte?
Janis, ¿a qué hombres les cantas?
¿Quiénes son los fantasmas,
cuáles los espectadores,
qué es la realidad?
¿Janis?
¡Ay! Bruja producto del hechizo,
el falso sueño americano
en tu canto se convirtió en pesadilla:
alucine atracto-destructivo.
Bruja, déjame a tus gentes,
las tuyas, no las otras,
déjame a la gente a la que le duele el mundo,
cántanos a los que nos quejamos,
ya por amor, ya por la muerte,
ya por la naturaleza, ya por ti.
Bruja, ¡cántanos!,
Grúñenos con tu joplinesco rugido,
maúlla feroz en tu soledad angustiosa.
¡Grita, Bruja!
Aún te escucho.
Aún tenemos la rabia de tu canto,
todavía nos queda la furia de tus llantos.
Bruja, aun nos dura el conjuro.
Nos duele tu mundo, Janis.
Lo amamos,
nos duele
y por eso lo odiamos,
con tu furia y con tu coraje,
enérgica cantante:
tu mundo es feo y te amamos,
pero a ti,
en tu mundo y por tu mundo,
los odiamos.
De Cariñando en Humedades
en tu enorme y restringido país.
Heme aquí, bruja de cabellos doblados.
Estoy aquí y puedo palparte,
sentirte bajo esas duras piezas,
duras arquitecturas brillantes y limpias,
sólidas e higiénicas hechuras.
Bajo esa pulcritud de cosmos,
Bruja Cósmica,
te siento venir grito a grito
cadencia a cadencia
ritmo a ritmo.
Aquí, Janis,
en tu país de solitarios,
de individuos fragmentariamente bellos y horribles.
Aquí en el orden sin mácula,
en el orden del desecho,
deshecha bruja del cosmos,
aquí estoy,
en tu cosmos deshecho de Bruja.
Y me hechizas,
linda mujer de amarguras,
y me embrujas,
Bruja,
voz de niña cachonda,
timbre de mujer enternecida.
¡Grita!
Canta tu vida deshecha
en este mármol de estatuas bellas,
en este mundo del confort y la apariencia.
( Soy lo que aparento
y lo que aparento soy.
Me mueven las impresiones
que manan de mi ser externo ).
Hechízame, Janis Joplin,
hazme el conjuro del blues.
Estridente niña loca
muéstrate aquí,
en este mundo de insólitos contrastes:
tu vida y tu voz.
Aquí que todo es (eres) desecho.
Aquí que lo bello se usa para tirarlo.
Aquí, belleza de esa infamia.
Aquí, víctima de aquí,
aquí, mártir de aquí,
aquí, conquistadora de aquí.
Aquí vendrán a mí tus fantasías,
haré mías tus realidades,
bruja trágica,
mujer inconclusa.
¡Janis! ¡Estoy en tu país!
¡Janis! ¿Por qué no estás aquí?
Janis, ¿por qué te quedas muerta y cantando,
matándome en esta vida mía,
reviviéndote en tu propia muerte?
Janis, ¿a qué hombres les cantas?
¿Quiénes son los fantasmas,
cuáles los espectadores,
qué es la realidad?
¿Janis?
¡Ay! Bruja producto del hechizo,
el falso sueño americano
en tu canto se convirtió en pesadilla:
alucine atracto-destructivo.
Bruja, déjame a tus gentes,
las tuyas, no las otras,
déjame a la gente a la que le duele el mundo,
cántanos a los que nos quejamos,
ya por amor, ya por la muerte,
ya por la naturaleza, ya por ti.
Bruja, ¡cántanos!,
Grúñenos con tu joplinesco rugido,
maúlla feroz en tu soledad angustiosa.
¡Grita, Bruja!
Aún te escucho.
Aún tenemos la rabia de tu canto,
todavía nos queda la furia de tus llantos.
Bruja, aun nos dura el conjuro.
Nos duele tu mundo, Janis.
Lo amamos,
nos duele
y por eso lo odiamos,
con tu furia y con tu coraje,
enérgica cantante:
tu mundo es feo y te amamos,
pero a ti,
en tu mundo y por tu mundo,
los odiamos.
De Cariñando en Humedades
MICOS HOMÍNIDOS
I
Que no le digan, que no le cuenten
que la luna es de queso.
La luna es un polvorón redondo
al que le han cantado los poetas,
los perros y los borrachos.
Y no me pidan que los deje leer tranquilos
porque, como en nuestro espacioso metro decían:
"el mar de la tranquilidad está en la Luna".
Después de todo,
nadie ha podido convencerse
de que la historia de la humanidad
es una sinfonía armoniosa
donde canta el amor y hace coro el afecto.
Mentira.
Gran razón tenían mis tíos Segismundo y Carlos
cuando decían que somos unos micos homínidos
determinados por el intercambio material de bienes y de males,
y que sólo cuando nos tratan mal
buscamos al pretendido cómplice,
al ser comprensivo y comprendido que no amenaza.
Mientras,
los hombres buenos
lo somos sólo para algunas cosas.
Por ejemplo:
para reforzar las expectativas de los que perdieron,
a fuerza de olvidos, desprecios y maltratos,
la esperanza puesta en su propio proyecto de vida.
Y la gente amable que alimenta nociones de futuro
(o tan sólo del presente)
y abona la vivencia con caricias y sonrisas,
de pronto se queda sola,
esperando que llegue otra con su propia bronca,
para sentir que su vida es útil,
en esta vida y no en la otra.
Y a veces
los desesperanzados regresan
por su limosna de esperanza,
los solitarios vuelven
por su porción de compañía,
los tristes retornan
por su cachito de felicidad.
Y todo estaría bien si no obtuvieran tan sólo
un simple remedo de su propia alegría.
Después de todo,
la matriz originaria de sus propias vidas
era un recinto oscuro y protegido,
un hogar encerrado en más de cuatro paredes;
y si el dueño del útero vital
–padre, novio o esposo–
ordena con sus tiernas amenazas
el regreso al nido,
la avecilla de volados revuelos
dobla la tersura de sus alas,
agacha el pico
y vuelve a arrastrar su vida
en esa finta de alegrías encerradas.
II
Pero hoy digo que no importa,
que la vida se sigue rompiendo afuera,
en la calle,
y que sigue sin tener sentido la angustia cotidiana
que baja de los cielos convertida en lluvia
e inunda con charcos y arroyuelos
las cloacas y letrinas de mi necia sensibilidad.
No importa que la nube de las amarguras
esté cargada de pesados individuos que responden
a las mismas patadas con las que dominan a sus propias,
muy suyas y exclusivas propiedades.
Después de todo,
la normalidad y la decencia,
la estabilidad y el progreso,
siguen imponiendo sus pesadas cargas,
rompiendo la libertad y la alegría
de quienes un día quisimos ser distintos
y proponer una vivencia digna en el cambio.
No importa,
permaneceremos.
De Cariñando en humedades
Que no le digan, que no le cuenten
que la luna es de queso.
La luna es un polvorón redondo
al que le han cantado los poetas,
los perros y los borrachos.
Y no me pidan que los deje leer tranquilos
porque, como en nuestro espacioso metro decían:
"el mar de la tranquilidad está en la Luna".
Después de todo,
nadie ha podido convencerse
de que la historia de la humanidad
es una sinfonía armoniosa
donde canta el amor y hace coro el afecto.
Mentira.
Gran razón tenían mis tíos Segismundo y Carlos
cuando decían que somos unos micos homínidos
determinados por el intercambio material de bienes y de males,
y que sólo cuando nos tratan mal
buscamos al pretendido cómplice,
al ser comprensivo y comprendido que no amenaza.
Mientras,
los hombres buenos
lo somos sólo para algunas cosas.
Por ejemplo:
para reforzar las expectativas de los que perdieron,
a fuerza de olvidos, desprecios y maltratos,
la esperanza puesta en su propio proyecto de vida.
Y la gente amable que alimenta nociones de futuro
(o tan sólo del presente)
y abona la vivencia con caricias y sonrisas,
de pronto se queda sola,
esperando que llegue otra con su propia bronca,
para sentir que su vida es útil,
en esta vida y no en la otra.
Y a veces
los desesperanzados regresan
por su limosna de esperanza,
los solitarios vuelven
por su porción de compañía,
los tristes retornan
por su cachito de felicidad.
Y todo estaría bien si no obtuvieran tan sólo
un simple remedo de su propia alegría.
Después de todo,
la matriz originaria de sus propias vidas
era un recinto oscuro y protegido,
un hogar encerrado en más de cuatro paredes;
y si el dueño del útero vital
–padre, novio o esposo–
ordena con sus tiernas amenazas
el regreso al nido,
la avecilla de volados revuelos
dobla la tersura de sus alas,
agacha el pico
y vuelve a arrastrar su vida
en esa finta de alegrías encerradas.
II
Pero hoy digo que no importa,
que la vida se sigue rompiendo afuera,
en la calle,
y que sigue sin tener sentido la angustia cotidiana
que baja de los cielos convertida en lluvia
e inunda con charcos y arroyuelos
las cloacas y letrinas de mi necia sensibilidad.
No importa que la nube de las amarguras
esté cargada de pesados individuos que responden
a las mismas patadas con las que dominan a sus propias,
muy suyas y exclusivas propiedades.
Después de todo,
la normalidad y la decencia,
la estabilidad y el progreso,
siguen imponiendo sus pesadas cargas,
rompiendo la libertad y la alegría
de quienes un día quisimos ser distintos
y proponer una vivencia digna en el cambio.
No importa,
permaneceremos.
De Cariñando en humedades
martes, 22 de diciembre de 2009
¿Qué es lo que aleja a la gente del ejercicio de la escritura?
Sin duda, es esa extraña sensación de encontrarse con las más crudas realidades presentes en la intimidad del escritor. Llegas al papel, te acercas y, mientras buscas temas, tus corajes y temores levantan la estridencia de sus sonidos y te ponen contra ti mismo. El yo que quiere ser se enfrenta al yo que ha podido ser en una lucha cruel por hacerse patentes en frases, palabras y letras... El campo de batalla es la psiquis del escritor. Es claro que después de la batalla el escenario que resulta es un conjunto de destrozos dolientes...
Sin duda, es esa extraña sensación de encontrarse con las más crudas realidades presentes en la intimidad del escritor. Llegas al papel, te acercas y, mientras buscas temas, tus corajes y temores levantan la estridencia de sus sonidos y te ponen contra ti mismo. El yo que quiere ser se enfrenta al yo que ha podido ser en una lucha cruel por hacerse patentes en frases, palabras y letras... El campo de batalla es la psiquis del escritor. Es claro que después de la batalla el escenario que resulta es un conjunto de destrozos dolientes...
ESCRITURAS COYOACANENSES
Estoy en mi auto, llegando a casa. Pongo el freno de mano y me acuerdo del fólder. Emocionado, lo tomo y entro directo hasta mi cuarto. Me desnudo ansioso por recorrer tu letra desde el principio y releer las tres servilletas en las que intercambiamos preguntas, respuestas y, sobre todo, dudas.
Hace frío y en la radio suena un buen rock, progresivo, melancólico, muy hippie. Las cobijas también están frías... Un cigarrito pa'los nervios. Cojo mi lámpara y coloco su luz cerca de mi cabeza. Tomo el fólder, lo abro y aparecen las tres servilletas.
Leo. Estoy leyendo y, ególatramente, me divierto suficiente con mis propias palabras. Las tuyas simplemente preguntan, y en su pregunta dejan ver tus propias dudas.
La duda contagia y dudo de mis respuestas. Respondo con ingeniosas pero evidentes evasivas y las evasivas endurecen tu lenguaje. Tu lenguaje me acorrala... Entonces te contesto con una lúcida respuesta: "lo que quieras quiero y como quieras puedo".
(Ahora me doy cuenta de que estaba mintiendo. En realidad, sí quiero contigo, pero a mí manera, no a la tuya).
Sigo leyendo: no entendiste y te vuelvo a explicar que gustas para cualquier cosa que salga dentro de nuestra propia relación.
(Rectificación: estrictamente, me doy cuenta de que no mentía del todo).
Las servilletas ya se acabaron y ya estoy leyendo el mantel de papel en el que continuamos la conversación escrita de hace rato, en la cafetería.
Después de que te aclaro que te prefiero trenzada conmigo en un abrazo caliente de amor animal y que pongo el dedo sobre la evidente posibilidad de que no sigamos juntos por mucho tiempo, tú te limitas a dar las gracias. Presiento que, de alguna manera, me estás acosando y buscando el piropo atrevido, la caricia veloz, el abrazo incisivo, la estrechez penetrante.
Termino de leer todo lo que escribimos en el café. Enseguida vendrá la que tú escribiste en Coyoacán mientras yo buscaba urgentemente un baño porque, durante todo el recorrido caliente que mis manos y mi boca hicieron por tu cuerpo bien arropado, lo picoso de la salsa que me había desayunado hizo su punzante presencia en mi sufrido esfínter. Pienso en la incomodidad angustiante de tener que apagar un fuego sabroso que yo mismo encendí, mientras mi colon transverso punzaba de dolor y me inflamaba el bajo vientre, apresurando la urgencia de ir a orinar y defecar el resto de chile picoso que llegaba al final de mi tubo digestivo.
Siento que, definitivamente, estuvo incómoda la acción. Y tú, ¿en qué estarás pensando? A ver.
Empiezo a leer tus escrituras coyoacanenses. Estoy leyendo y no lo puedo creer. Pero, ¿qué no habíamos hablado ya de eso? Vuelvo a leer. Es la locura. La misma historia de hace un año, sólo que con menos de tu "ex" y, sin embargo, (o, tal vez por eso), con mucho más erotismo.
A ver, voy a descifrar, frase por frase, el mamotreto de golpes de pecho que se te ocurrió escribir:
Te acepto que no me quieras ver. Yo también he pensado en eso. A veces me aterroriza la idea de unir mi vida a la tuya. Y no porque seas tú, sino porque aún me da miedo la idea de la pareja permanente. Siento que un noviazgo o un amasiato comprometido detendrían la cuerda del reloj de mis locuras. Por otro lado, somos tan diferentes que cada día es más evidente que existen factores que pronto harían estallar las iras entre tú y yo.
No entiendo tu miedo a que nos usemos. No es lo mismo usar que usufructuar. Toda la vida es un uso constante de las facultades propias, de la compañía de los demás, del amor de los otros. ¿Por qué no usar la disponibilidad del otro para satisfacer la más pura de las necesidades?
Honestamente, contigo me siento un objeto sexual, y mi miedo a tu acoso se evidencia desde las servilletas. Sin embargo, me halaga que mi presencia enerve tus sentidos y, por otro lado, me preocupa seriamente tu situación virginal en un mundo que necesita urgentemente del amor humano, amor que se realiza con la pareja, amor que nace de la necesidad de mantener la vida propia y ajena, amor que nace de mis testículos y de tus ovarios. Estoy convencido de que, así como la retención de las funciones urinarias provoca enfermedades más o menos graves, la retención de la libido descompone el carácter y atrofia la personalidad. Por eso te provoco con caricias y apapachos. Para que saques esa hermosa pantera indómita que te ayudará a amar más al mundo y a tu gente.
Te provoco y no te cumplo, ¿te das cuenta? Quiero obligarte a que desees conscientemente mi sexo; estoy convencido de que tu salud emocional y física están en un verdadero peligro y que tu mejor opción es permitir que mis elevaciones se hundan en tus profundidades rompiendo el himen corrupto que engendra histerias y neurosis, deseos viciados y costumbres viciosas.
Ya sé que quieres “algo más" y que sabes que yo puedo dártelo.
Pero, ¿qué quieres? ¿un hombre? Lo soy. Y no sólo eso. Te quiero. Y para quererte, no necesito que te quedes conmigo ni que tú me ames: simplemente necesito que estos cuerpos que envuelven nuestras furias y nuestros amores se impregnen de magia y festejen tu ingreso al grupo de los que invocan al amor y pueden retenerlo confiados en que usarán todos los recursos que tienen en la cabeza, en las manos y entre las piernas.
No hay vicios ni suciedad en tus anhelos, ni en tus jadeantes suspiros amorosos: es la viva vida que toca a tu cerebro exigiendo entrada. Es el señor amor, no el niño cariño, el que asoma a tu piel y la bendice con ese calor que aproxima tu flama a la mía y nos obliga a agitar los respiros y los cuerpos en una convulsión amorosa que se muere al culminar completa entre nuestros cuerpos sudorosos y desnudos.
Ven. Toma tus iniciativas. Apodérate de este cuerpo viril sin ostentaciones y explora en él tus propias posibilidades de mujer en el acto en que ambos podremos ser distintos en nuestra idéntica igualdad.
Estoy en mi auto, llegando a casa. Pongo el freno de mano y me acuerdo del fólder. Emocionado, lo tomo y entro directo hasta mi cuarto. Me desnudo ansioso por recorrer tu letra desde el principio y releer las tres servilletas en las que intercambiamos preguntas, respuestas y, sobre todo, dudas.
Hace frío y en la radio suena un buen rock, progresivo, melancólico, muy hippie. Las cobijas también están frías... Un cigarrito pa'los nervios. Cojo mi lámpara y coloco su luz cerca de mi cabeza. Tomo el fólder, lo abro y aparecen las tres servilletas.
Leo. Estoy leyendo y, ególatramente, me divierto suficiente con mis propias palabras. Las tuyas simplemente preguntan, y en su pregunta dejan ver tus propias dudas.
La duda contagia y dudo de mis respuestas. Respondo con ingeniosas pero evidentes evasivas y las evasivas endurecen tu lenguaje. Tu lenguaje me acorrala... Entonces te contesto con una lúcida respuesta: "lo que quieras quiero y como quieras puedo".
(Ahora me doy cuenta de que estaba mintiendo. En realidad, sí quiero contigo, pero a mí manera, no a la tuya).
Sigo leyendo: no entendiste y te vuelvo a explicar que gustas para cualquier cosa que salga dentro de nuestra propia relación.
(Rectificación: estrictamente, me doy cuenta de que no mentía del todo).
Las servilletas ya se acabaron y ya estoy leyendo el mantel de papel en el que continuamos la conversación escrita de hace rato, en la cafetería.
Después de que te aclaro que te prefiero trenzada conmigo en un abrazo caliente de amor animal y que pongo el dedo sobre la evidente posibilidad de que no sigamos juntos por mucho tiempo, tú te limitas a dar las gracias. Presiento que, de alguna manera, me estás acosando y buscando el piropo atrevido, la caricia veloz, el abrazo incisivo, la estrechez penetrante.
Termino de leer todo lo que escribimos en el café. Enseguida vendrá la que tú escribiste en Coyoacán mientras yo buscaba urgentemente un baño porque, durante todo el recorrido caliente que mis manos y mi boca hicieron por tu cuerpo bien arropado, lo picoso de la salsa que me había desayunado hizo su punzante presencia en mi sufrido esfínter. Pienso en la incomodidad angustiante de tener que apagar un fuego sabroso que yo mismo encendí, mientras mi colon transverso punzaba de dolor y me inflamaba el bajo vientre, apresurando la urgencia de ir a orinar y defecar el resto de chile picoso que llegaba al final de mi tubo digestivo.
Siento que, definitivamente, estuvo incómoda la acción. Y tú, ¿en qué estarás pensando? A ver.
Empiezo a leer tus escrituras coyoacanenses. Estoy leyendo y no lo puedo creer. Pero, ¿qué no habíamos hablado ya de eso? Vuelvo a leer. Es la locura. La misma historia de hace un año, sólo que con menos de tu "ex" y, sin embargo, (o, tal vez por eso), con mucho más erotismo.
A ver, voy a descifrar, frase por frase, el mamotreto de golpes de pecho que se te ocurrió escribir:
Te acepto que no me quieras ver. Yo también he pensado en eso. A veces me aterroriza la idea de unir mi vida a la tuya. Y no porque seas tú, sino porque aún me da miedo la idea de la pareja permanente. Siento que un noviazgo o un amasiato comprometido detendrían la cuerda del reloj de mis locuras. Por otro lado, somos tan diferentes que cada día es más evidente que existen factores que pronto harían estallar las iras entre tú y yo.
No entiendo tu miedo a que nos usemos. No es lo mismo usar que usufructuar. Toda la vida es un uso constante de las facultades propias, de la compañía de los demás, del amor de los otros. ¿Por qué no usar la disponibilidad del otro para satisfacer la más pura de las necesidades?
Honestamente, contigo me siento un objeto sexual, y mi miedo a tu acoso se evidencia desde las servilletas. Sin embargo, me halaga que mi presencia enerve tus sentidos y, por otro lado, me preocupa seriamente tu situación virginal en un mundo que necesita urgentemente del amor humano, amor que se realiza con la pareja, amor que nace de la necesidad de mantener la vida propia y ajena, amor que nace de mis testículos y de tus ovarios. Estoy convencido de que, así como la retención de las funciones urinarias provoca enfermedades más o menos graves, la retención de la libido descompone el carácter y atrofia la personalidad. Por eso te provoco con caricias y apapachos. Para que saques esa hermosa pantera indómita que te ayudará a amar más al mundo y a tu gente.
Te provoco y no te cumplo, ¿te das cuenta? Quiero obligarte a que desees conscientemente mi sexo; estoy convencido de que tu salud emocional y física están en un verdadero peligro y que tu mejor opción es permitir que mis elevaciones se hundan en tus profundidades rompiendo el himen corrupto que engendra histerias y neurosis, deseos viciados y costumbres viciosas.
Ya sé que quieres “algo más" y que sabes que yo puedo dártelo.
Pero, ¿qué quieres? ¿un hombre? Lo soy. Y no sólo eso. Te quiero. Y para quererte, no necesito que te quedes conmigo ni que tú me ames: simplemente necesito que estos cuerpos que envuelven nuestras furias y nuestros amores se impregnen de magia y festejen tu ingreso al grupo de los que invocan al amor y pueden retenerlo confiados en que usarán todos los recursos que tienen en la cabeza, en las manos y entre las piernas.
No hay vicios ni suciedad en tus anhelos, ni en tus jadeantes suspiros amorosos: es la viva vida que toca a tu cerebro exigiendo entrada. Es el señor amor, no el niño cariño, el que asoma a tu piel y la bendice con ese calor que aproxima tu flama a la mía y nos obliga a agitar los respiros y los cuerpos en una convulsión amorosa que se muere al culminar completa entre nuestros cuerpos sudorosos y desnudos.
Ven. Toma tus iniciativas. Apodérate de este cuerpo viril sin ostentaciones y explora en él tus propias posibilidades de mujer en el acto en que ambos podremos ser distintos en nuestra idéntica igualdad.
Un nuevo balance. Una tardía relectura más para buscar mis temas y mi estilo. Una búsqueda infructuosa que reafirma mis preguntas. ¿Soy tan triste? ¿Creo en algo que no sea mi virtual tristeza? Mis soliloquios literarios no llevan a parte alguna: Difusos chispazos de inspiración arrancados de los más diversos estados de ánimo; ausencia total de orden, sistema o estructura; simples y anárquicos torrentes de emoción. Y hoy repaso otra vez uno de mis temas favoritos: mi propia escritura. Esto puede obedecer a una evidente carencia de imaginación literaria. Sin embargo, el problema de mis escritos, además de la rigidez temática que los agobia, es su interiorismo encabronante. Todo soy yo. Aquí no hay más que un escrito, tal vez el más lúcido, en donde me propongo un interlocutor y una temática, si no ajenos, sí distintos de mí. Es posible que mi necesidad de exteriorización no consista en el simple hacer exterior mi estado de ánimo. En todo caso se trata de exteriorizar lo interiorizado, no sólo lo interior. (Mi situación interior se nutre de mi temperamento y de mi entorno).
Parece que finalmente terminé el capítulo que me correspondía de la investigación sobre Gómez Farías. De todos modos no me siento tan aliviado de trabajo, aún falta un bonche para dar por concluida la chambita esa, además, todo parece indicar que intento aprovechar la inercia y meterle un poco de tiempo (tal vez pasado de tiempo) a mi propia escritura. Buenito y sano como no suelo ser, llegué a casita, le di su besito a mami, vi la telera con ella un rato y me clavé a mecanografiar el comentario sobre Jonás.
No sé por qué carajos mis escritos no se leen tan bien a máquina como a pulso. Además de que a la hora de mecanografiarlo no me pareció tan bueno, me di cuenta de que el escrito que yo creí uno sólo resultaron ser dos. EL primero es una interpretación histórica de la película. El segundo es algo así como una descripción del estado de ánimo marcadamente anarquista que despertó en mí la evocación de las cosas narradas en el primer escrito.
No sé por qué carajos mis escritos no se leen tan bien a máquina como a pulso. Además de que a la hora de mecanografiarlo no me pareció tan bueno, me di cuenta de que el escrito que yo creí uno sólo resultaron ser dos. EL primero es una interpretación histórica de la película. El segundo es algo así como una descripción del estado de ánimo marcadamente anarquista que despertó en mí la evocación de las cosas narradas en el primer escrito.
Recordarás el contacto silencioso de su cuerpo entre la atmósfera humedecida como un presagio de callada demencia. Inclinarás la cabeza hacia la ventana y mirarás las nubes grises alejarse hacia el sur, hacia el Ajusco. Te sorprenderá la repentina claridad del Sol en esa noche, después de una tarde tan oscurecida como esa. Sin dejar de contemplar el cielo, llevarás tu mano a tu muñeca, te quitarás el reloj para ignorar las horas y lo arrojarás por debajo de la cama. Sentirás el impulso de volverte a asomar por la ventana, pero el polvo acumulado en uno de los rincones del ventanal penetrará en tu nariz, estornudarás y la súbita reacción de tu organismo te hará pensar en la amenaza de un resfrío. Concentrarás tu pensamiento en la sensación de tu propio cuerpo. Sentirás un frío húmedo perfectamente soportable e incluso vivificante. Ningún dolor, ningún malestar. Sólo percibirás un profundo cansancio anímico y la necesidad imperiosa de sacudir esa modorra del alma. Entonces te invadirán unas intensas ganas de salir a la calle a vivenciar todas sus miserias y ver si el violento encontronazo con la realidad callejera logra sacudir tu ánimo, igual que el estornudo había despabilado tu cuerpo. Abrirás la puerta de tu casa y lo primero que verás será un automóvil transitando veloz y rebanando el agua de lluvia con sus llantas. Esa será tu bienvenida a la violencia callejera.
Te detendrás un minuto con la manija de tu puerta en la mano, sin decidirte a entrar en la confusión urbana. Durante ese minuto regresarán a tu mente las visiones de tu pasado: una atmósfera húmeda y casi fría, iluminada por una luz que caía, oblicua, sobre las gotas que mojaban las hojas y lo tallos de las plantas del jardín de tu casa.
Te detendrás un minuto con la manija de tu puerta en la mano, sin decidirte a entrar en la confusión urbana. Durante ese minuto regresarán a tu mente las visiones de tu pasado: una atmósfera húmeda y casi fría, iluminada por una luz que caía, oblicua, sobre las gotas que mojaban las hojas y lo tallos de las plantas del jardín de tu casa.
¿Otro soliloquio?
¿Por qué no?
Ahora hay suficientes motivos para vomitar más literatura barata:
Aquella famosa investigación sobre Gómez Farías finalmente fue concluida, la gente que me rodea exige cada vez más que me case, que participe en sus proyectos, que me vuelva serio que madure, bla-bla-bla. Afortunadamente, no son todos los que joden ni joden todos los que están. Por otro lado, la Mujer del Charco volvió a emerger de las fangosas profundidades de su sexualidad sumergida y aquellas antiguas MUJERES que hace no mucho tiempo pude adorar han fortalecido su posición de hembritas-celosas-protegidas y seducidas por sus respectivos machos.
Bueno, ¿y todo eso qué? Pues nada, que sigo viendo mis manos estériles esforzarse por mecanografiar con corrección toda la putrefacta materia inerte que sale de mi cerebro. Obviamente mis manitas de intelectual inútil no son capaces de abarcar toda la KK que sale a torrentes de mi circunvolución parietal media. ¿Ya ven? Me imagino que esa zona no existe en mi cerebro ni en ningún otro.
De cualquier forma, la literatura estrecha el cerco de mis fantasías pero no logra instalarse en mis lecturas y mucho menos en mis quehaceres cotidianos. Como dice papi, "ya soy todo un autor” y me imagino que mi nombre mestizo anda perdido en el registro de autor y que nadie, a excepción de mis más cercanos prójimos, sabe que yo escribo. Bueno, todos escribimos ¿no? Pues no ¿y los analfabetas? Esos ni leen. Para ellos la literatura está tan lejana como la constelación de Orión: la ven, pero no tienen acceso a ella.
Aquí, junto a mi escritorio... ¿Cuál mi escritorio? Esta blanca extensión de madera pertenece a la federación, al gobierno, a la ínclita y ubérrima SEP. Que me perdone Darío –enorme poeta— por manosear sus palabras. No sé que quiere decir el buen Rubén cuando alza la voz de su pluma y grita desde el papel: "Ínclitas razas ubérrimas". Bueno, el asunto es que este escritorio en el que reposa el primer ejemplar del libro que yo ayudé a escribir no es mi escritorio. ¿Ustedes creen que yo podría mantener semejante blancura? Ni se crean.
Decía que junto, más bien, sobre el escritorio que me asignaron para trabajar (¿trabajar? ¡Jo! ¡Jo!) reposa ese libro. Algunos dirían que es mi hijo primogénito. Pero ni es mi hijo ni es el primogénito. No es mi hijo porque yo no fecundé ni a mujer ni a hembra para engendrar un niño que “salió igualito a su papá”. ¡Nel! Tampoco es el primogénito, porque la “ínclita y ubérrima" se vio forzada a publicar cuatro mamotretos elaborados por MI-ckey Mouse los pies, dijo Cuauhtémoc y -quién lo iba a decir- fundó sin quererlo las fantasías más turbantes del imperio emperador: la fantasía del dólar doloroso, muerte papel moneda de los latinoamericanos.
OK, OK. Ladies & Gentlmens, I'm so very happy de ver este big book reposando on my desk. Oh yeah! ¡A todos aquellos que quieren y aman los papelucos verdes de allende el Bravo (es decir de más allá de nuestra frontera norte)! Bueno, a todos los dolarizados compañeros de locura, no les pido perdón porque yo no tengo la culpa de que mi vejiga se hinche de orines en el momento en que me empiezo a preocupar por la paridad de sus esbeltísimos pesos. Total, si se me hincha cuando pienso en ello, lo que se me hincha es un güevo y la mitad del otro; y si se me hinchan (mi güevo y medio junto con mi vejiga de guardar mis meados) es porque no quiero pensar en que sus dólares y mis pesos, su devolución y mi devaluación, su nacionalización y mi nacionalismo mestizo... Simpermiso, voy a orinar
.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,
Ya regresé. ¡Huy! ¡Qué susto! Alcé la vista de mi hoja de escribir y... ¡Cha-ca-cha-chan-cha-chaan...! Allí estaba Yolandita (mamacita) con esa belleza mestiza (como la mía, sólo que yo sin belleza), morena y chatita. Qué linda se ve esforzando su cerebro y su corazón por encontrar uno de esos paraísos que a mí se me perdieron desde que supe que soy inteligente y no guapo y que, además, soy depresivo. Ojala que Yolandita no pierda nunca su ímpetu y siga por toda su vida buscando su felicidad y su realización plena. Casualmente, la linda Violi, Violanda, Yolanda, llegó enfundada en sus minúsculos tenis y unos muy bien rellenados pantalones de mezclilla azul que logran insinuar la poderosa amplitud de sus bien torneadas piernas marrones.
Si volteo a mi izquierda, lo cual no deja de tener su simbolismo, aparece una cascada negra que se agita y cae como el enorme telón de una monumental obra de teatro. Pero el telón no cae para finalizar el drama, sino para inaugurar entre pomposas fanfarrias que suenan en mi cerebro, la alegría de unos ojos saltonamente oblicuos que me miran y me leen con todo el amor que pueden contener los largos, gruesos y abundantes cabellos de mi linda Laura linda. LAURINDA. Ella es mi primer amor literario; correctora, mecanógrafa, musa, crítica, y reanimadora. Señora adolescente que se pierde lo mismo entre la poesía de sus cabellos indios que entre la abyección de sus deberes matrimoniales. Laurinda tiene una brujulámpara (que orienta e ilumina). Tiene su brujulámpara —lámpara de bruja, brújula que ampara— que le salva la vida y la obliga a creer en este teatro-vida: el teatro. Por eso su pelo no es una simple y vulgar cortina, es un telón de fondo en el que se proyecta su pequeña y sencilla figura, sin aspavientos, con belleza terrena y sin la grandilocuencia demagógica de una carrocería perfectamente esculpida.
Hay otras bellezas que me hacen falta en esta oficina jodida de la cultura difusa. Aktis y Elisa. Pero de ellas -antitéticas- hablaré después. Por lo pronto, ya se acabó esta hoja y mi aparato digestivo indica que tengo hambre y que tengo también el despreciado tesoro de una insuficiencia gástrica y otra hepática y que por ello me sudan las manos cuando tengo y quiero acariciar a cualquiera de ellas.
Lo importante, decía el viejo Baldomero, es que advierta que este mundo esta jodido, pero que también es remediablemente injusto.
¿Por qué no?
Ahora hay suficientes motivos para vomitar más literatura barata:
Aquella famosa investigación sobre Gómez Farías finalmente fue concluida, la gente que me rodea exige cada vez más que me case, que participe en sus proyectos, que me vuelva serio que madure, bla-bla-bla. Afortunadamente, no son todos los que joden ni joden todos los que están. Por otro lado, la Mujer del Charco volvió a emerger de las fangosas profundidades de su sexualidad sumergida y aquellas antiguas MUJERES que hace no mucho tiempo pude adorar han fortalecido su posición de hembritas-celosas-protegidas y seducidas por sus respectivos machos.
Bueno, ¿y todo eso qué? Pues nada, que sigo viendo mis manos estériles esforzarse por mecanografiar con corrección toda la putrefacta materia inerte que sale de mi cerebro. Obviamente mis manitas de intelectual inútil no son capaces de abarcar toda la KK que sale a torrentes de mi circunvolución parietal media. ¿Ya ven? Me imagino que esa zona no existe en mi cerebro ni en ningún otro.
De cualquier forma, la literatura estrecha el cerco de mis fantasías pero no logra instalarse en mis lecturas y mucho menos en mis quehaceres cotidianos. Como dice papi, "ya soy todo un autor” y me imagino que mi nombre mestizo anda perdido en el registro de autor y que nadie, a excepción de mis más cercanos prójimos, sabe que yo escribo. Bueno, todos escribimos ¿no? Pues no ¿y los analfabetas? Esos ni leen. Para ellos la literatura está tan lejana como la constelación de Orión: la ven, pero no tienen acceso a ella.
Aquí, junto a mi escritorio... ¿Cuál mi escritorio? Esta blanca extensión de madera pertenece a la federación, al gobierno, a la ínclita y ubérrima SEP. Que me perdone Darío –enorme poeta— por manosear sus palabras. No sé que quiere decir el buen Rubén cuando alza la voz de su pluma y grita desde el papel: "Ínclitas razas ubérrimas". Bueno, el asunto es que este escritorio en el que reposa el primer ejemplar del libro que yo ayudé a escribir no es mi escritorio. ¿Ustedes creen que yo podría mantener semejante blancura? Ni se crean.
Decía que junto, más bien, sobre el escritorio que me asignaron para trabajar (¿trabajar? ¡Jo! ¡Jo!) reposa ese libro. Algunos dirían que es mi hijo primogénito. Pero ni es mi hijo ni es el primogénito. No es mi hijo porque yo no fecundé ni a mujer ni a hembra para engendrar un niño que “salió igualito a su papá”. ¡Nel! Tampoco es el primogénito, porque la “ínclita y ubérrima" se vio forzada a publicar cuatro mamotretos elaborados por MI-ckey Mouse los pies, dijo Cuauhtémoc y -quién lo iba a decir- fundó sin quererlo las fantasías más turbantes del imperio emperador: la fantasía del dólar doloroso, muerte papel moneda de los latinoamericanos.
OK, OK. Ladies & Gentlmens, I'm so very happy de ver este big book reposando on my desk. Oh yeah! ¡A todos aquellos que quieren y aman los papelucos verdes de allende el Bravo (es decir de más allá de nuestra frontera norte)! Bueno, a todos los dolarizados compañeros de locura, no les pido perdón porque yo no tengo la culpa de que mi vejiga se hinche de orines en el momento en que me empiezo a preocupar por la paridad de sus esbeltísimos pesos. Total, si se me hincha cuando pienso en ello, lo que se me hincha es un güevo y la mitad del otro; y si se me hinchan (mi güevo y medio junto con mi vejiga de guardar mis meados) es porque no quiero pensar en que sus dólares y mis pesos, su devolución y mi devaluación, su nacionalización y mi nacionalismo mestizo... Simpermiso, voy a orinar
.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,.,
Ya regresé. ¡Huy! ¡Qué susto! Alcé la vista de mi hoja de escribir y... ¡Cha-ca-cha-chan-cha-chaan...! Allí estaba Yolandita (mamacita) con esa belleza mestiza (como la mía, sólo que yo sin belleza), morena y chatita. Qué linda se ve esforzando su cerebro y su corazón por encontrar uno de esos paraísos que a mí se me perdieron desde que supe que soy inteligente y no guapo y que, además, soy depresivo. Ojala que Yolandita no pierda nunca su ímpetu y siga por toda su vida buscando su felicidad y su realización plena. Casualmente, la linda Violi, Violanda, Yolanda, llegó enfundada en sus minúsculos tenis y unos muy bien rellenados pantalones de mezclilla azul que logran insinuar la poderosa amplitud de sus bien torneadas piernas marrones.
Si volteo a mi izquierda, lo cual no deja de tener su simbolismo, aparece una cascada negra que se agita y cae como el enorme telón de una monumental obra de teatro. Pero el telón no cae para finalizar el drama, sino para inaugurar entre pomposas fanfarrias que suenan en mi cerebro, la alegría de unos ojos saltonamente oblicuos que me miran y me leen con todo el amor que pueden contener los largos, gruesos y abundantes cabellos de mi linda Laura linda. LAURINDA. Ella es mi primer amor literario; correctora, mecanógrafa, musa, crítica, y reanimadora. Señora adolescente que se pierde lo mismo entre la poesía de sus cabellos indios que entre la abyección de sus deberes matrimoniales. Laurinda tiene una brujulámpara (que orienta e ilumina). Tiene su brujulámpara —lámpara de bruja, brújula que ampara— que le salva la vida y la obliga a creer en este teatro-vida: el teatro. Por eso su pelo no es una simple y vulgar cortina, es un telón de fondo en el que se proyecta su pequeña y sencilla figura, sin aspavientos, con belleza terrena y sin la grandilocuencia demagógica de una carrocería perfectamente esculpida.
Hay otras bellezas que me hacen falta en esta oficina jodida de la cultura difusa. Aktis y Elisa. Pero de ellas -antitéticas- hablaré después. Por lo pronto, ya se acabó esta hoja y mi aparato digestivo indica que tengo hambre y que tengo también el despreciado tesoro de una insuficiencia gástrica y otra hepática y que por ello me sudan las manos cuando tengo y quiero acariciar a cualquiera de ellas.
Lo importante, decía el viejo Baldomero, es que advierta que este mundo esta jodido, pero que también es remediablemente injusto.
TRAVESURAS
La ciudadana Norma Ramírez, tuvo a bien prestarme su instrumento de escritura con el fin de hacer una que otra maldad escrita. Para empezar se me ocurre hacer una magia bruja para que el tiempo apresure su paso y las vacaciones lleguen pronto. No crean que me voy a quedar de guardia por el simple hecho de ser nuevecito en este ambiente oficinesco. Evidentemente, por más aguda que sea la novatez de cualquier sujeto (léase atado), nada justifica despojarlo de sus sagradas y sacrosantas vacaciones navideñas. Hay que recordar que con ánimo cristiano, las vacaciones son temporadas para la meditación y el cultivo del muy cristiano espíritu. Evidentemente, este principio está en flagrante contradicción con la violencia callada de la vida en oficina. En términos más sencillos, es pecado venir a la oficina mientras el mundo festeja la llegada del Jechuy a este podrido mundo. Por otra parte, todo mundo sabe cómo se ponen las posadas cuando éstas se asumen con un espíritu pagano y un tanto diabólico: guarapeta tras guarapeta, reventón tras reventón, cruda tras cruda, cama tras cama, beso tras beso, trago tras trago; en fin, bajo esas condiciones, más que un pecado, venir a hacer guardia es un suicidio. Además, ¿a quién le interesa salvaguardar la integridad de un edificio que no se sabe de quién es y que se derrumbará con el más leve movimiento telúrico? (léase temblor). Insisto: no me quedo, aunque me corran. ¿Ya?
La ciudadana Norma Ramírez, tuvo a bien prestarme su instrumento de escritura con el fin de hacer una que otra maldad escrita. Para empezar se me ocurre hacer una magia bruja para que el tiempo apresure su paso y las vacaciones lleguen pronto. No crean que me voy a quedar de guardia por el simple hecho de ser nuevecito en este ambiente oficinesco. Evidentemente, por más aguda que sea la novatez de cualquier sujeto (léase atado), nada justifica despojarlo de sus sagradas y sacrosantas vacaciones navideñas. Hay que recordar que con ánimo cristiano, las vacaciones son temporadas para la meditación y el cultivo del muy cristiano espíritu. Evidentemente, este principio está en flagrante contradicción con la violencia callada de la vida en oficina. En términos más sencillos, es pecado venir a la oficina mientras el mundo festeja la llegada del Jechuy a este podrido mundo. Por otra parte, todo mundo sabe cómo se ponen las posadas cuando éstas se asumen con un espíritu pagano y un tanto diabólico: guarapeta tras guarapeta, reventón tras reventón, cruda tras cruda, cama tras cama, beso tras beso, trago tras trago; en fin, bajo esas condiciones, más que un pecado, venir a hacer guardia es un suicidio. Además, ¿a quién le interesa salvaguardar la integridad de un edificio que no se sabe de quién es y que se derrumbará con el más leve movimiento telúrico? (léase temblor). Insisto: no me quedo, aunque me corran. ¿Ya?
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