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martes, 22 de diciembre de 2009

Ahora sí, quién lo iba a decir...


Ahora sí, quien lo iba a decir. Después de dos semanas de tener mi "hábitat ad-hoc para la literatura", apenas hoy empiezo a escribir.

Lo que pasaba es que siempre quise escribir los grandes temas. No, no es cierto, lo que pasa se me escondió. Antes tenía bien ubicados los motivos de mis altibajos de carácter. Siempre pudieron haber sido muchas cosas, el hecho es que siempre he estado buscando motivos para la depresión y, si no, unos ejemplos:

Una vez, bajo eucaliptos jóvenes, en medio de adolescentes, al lado de una muchachita, preciosa y frente aun chavo extrañísimo, (el del frente) la muchachita me dijo: "Ese chavo es el chavo más triste que conozco. Yo ni voltee a verlo detenidamente. Simplemente lo identifiqué: "Renato", pensé, y la respuesta instintiva que brotó como un violento fluir casi incontenible fue un 'yo también soy triste, siempre lo fui y ahora lo soy más que nunca." De alguna manera era cierto: siempre me he sentido más triste que nunca y eso no quiere decir que mi tristeza sea una tristeza in crescendo... Aunque tal vez sí lo sea; cuando recuerdo las cosas que he escrito ¬a reserva de constatarlo¬ me doy cuenta que todas son tristes. Esto no es de extrañar, sin embargo mi autobiografía constituye un recordarme feliz e ir transitando, de tropiezo en tropiezo, hacia una tristeza cada vez más profunda. En esa autobiografía –con todo y que fue escrita durante la única etapa feliz que recuerdo y defino cotidianamente así: feliz, con todo y todo mi futuro se ve no tan pesimista, triste, pesado. Allí se advierte la tranquilidad de esos días, el remanso de conciencia en el que vivía y desde el cual podía hacer recuento de mi propia historia y hasta planear el futuro. Sin embargo, hay algo en ese escrito que conmueve a llanto. ¿Y todos esos poemas, párrafos y versos dedicados a Martha y que siempre suenen a presagio trágico? ¿Es el mundo en realidad tan insufrible? ¿Soy presa, junto con otros muchos, de problemas de adaptación? ¿Tengo alguna razón o soy maníaco depresivo? En todo caso: si me convenzo de que mi manía depresiva es la reacción natural ante un mundo que me aterra, ¿con eso basta para que las cosas cambien, aunque sea un poquito?

Ya voy a repetir otra cosa que me he cansado de descubrir, valorar y olvidar: se trata de que el mundo tiene cosas buenas que vele la pena vivir y por ello hay que darle un cauce a la salida del ruido que suena:


(Sonido de calentador y ruido de camión. La tierra vibra de frío cuando pasan los autobuses con sus pesadas llantas).


Como que las cosas se descomponen... Puedo seguir escribiendo.


¿Podré?


NO

Antier

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