Apenas ayer decidí empezar a llenar este blog con viejos escritos en los que expresaba algo de mis más íntimos pesares, y hoy en la mañana me enteré de la muerte de mi padre.
Siempre supe que en telón de fondo de mis muy mezquinas tristezas (y también de mis pírricas victorias) se erguía la figura robusta de don Humberto, del tan querido profesor Jerez. Para bien y para mal, soy su hechura. Pero esto lo sabe cualquiera...
Lo extraordinario de esta historia es, precisamente, su historia.
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