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sábado, 14 de noviembre de 2009

NEGRA CONCIENCIA


Subir a la montaña y perderse en su negra amargura, en su profunda conciencia. Encontrar en la muerte un amor que el capitalismo negó. Escupir toda efigie sagrada. Ser personaje de este tiempo y a la vez estar fuera de él. Querer ser necesario cuando el que necesita es uno.

Mandar al carajo toda la teoría preñada de individualismo ególatra, empezando por ti. Terminar con tus ansias de Mesías iracundo. Y, en última instancia, mi amigo, dejar de mentirte: no hay posibilidad de existencia feliz en este mundo que tuvo la desgracia de verte nacer en lo más alto de su fétido pero rotundo seno.


Subirse a la única montaña que existe: la montaña del guerrillero que se pierde en su negra amargura, en su profunda conciencia.

Encontrar en la muerte un amor que el capitalismo negó. Escupir toda efigie sagrada, ser personaje de mi tiempo y a la vez estar fuera de él. Querer ser necesario cuando el que necesita soy yo. Poder acabar con un algo tan etéreo como intangible e indestructible.

Mandar al carajo toda la tontería preñada de individualismo ególatra, empezando por mí. Terminar con mis ansias de Mesías iracundo sobre el cual descansaría la suerte de todo personaje ambiguo que se defina como yo me estoy definiendo.


Y, en última instancia, mi amigo, dejar de mentirte: no hay posibilidad de existencia en este mundo que tuvo la desgracia de verte nacer y morir en lo más alto de su fétido pero rotundo seno.

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