¿Cuántos derroteros habrán de pasar? La luz de mi mente se ha ido apagando paulatinamente. Y ahora, pensándolo bien, me doy cuenta de que nunca nada me ha convencido y siempre he abrevado del licor más amargo en la cava de mi ser. Por hoy nadie me entiende, no creo en nada ni en nadie; he llegado al triste punto en que ya nadie me entiende…
Ni yo mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario