AUTOBIOGRAFÍA PRECOZ
YO, actual joven de 19 años, moreno, bajo, delgado y con barbas, de ideas rebatibles y a la vez admiradas, me dispongo, en contra de mi ánimo, a escribir algo que se parezca a una autobiografía.
Desde el 30 de enero, día en que mi madre me sacó a la blanca luz del quirófano, he recorrido varias etapas en mi desarrollo personal. Podría mencionar, entre las más importantes; la de la risueña e infantil inocencia, la del enamorado, la del conocedor, la del revolucionario y una que actualmente las combina a todas.
Fui, en mi primera infancia, un niño de anuncio de televisión: gordo, pelón, alegré y casi bueno, de una curiosidad casi destructiva. Recuerdo que en algún lejano rincón de mi tiempo, veía y veía un seguro que me atraía, de esos que no permiten que la andadera se desarme. Después, según memorias de mi madre, su segundo hijo, o sea yo, en un alarde precoz de inteligencia, destrabó el seguro y estuvo apunto de morir asfixiado. En otra ocasión, mi amor hacia la ciencia me llevó a echarle sal al pastel de mi quinto cumpleaños. Este mismo amor me obligó a destruir un robot de juguete que tenía una pantalla de proyección en la panza. En ambas ocasiones defendí mi inocencia argumentando que sólo quería explorar las cosas del mundo.
Hasta que los consejos de mi padre y el romanticismo sentimental de mi madre, distrajeron mi atención hacia la mujer, materia necesaria en mi creciente existencia. Nunca hasta hoy, sin embargo, después de siete años de constante búsqueda, creo que la he encontrado. (No es eterna, por supuesto).
La satisfacción de este tipo de necesidad fue altamente frustrada por mi excesivo respeto a lo que yo creía las motivaciones del sexo opuesto. Una palabra dicha con cariño me elevaba a las alturas más insospechadas del amor; una mirada de desprecio me hundía en el averno insoportable de la soledad.
MI frustración sexual y emocional me indujo a buscar los porqués de mi existencia hasta entonces solitaria y me dediqué a comprobar lo que dicen que Freud dijo: "el sexo mueve al mundo". Pero para aumentarle más plenas a mi hasta entonces alegre vida, esto no era cierto. Entonces busqué el por qué de mi ser y mi sentir desde el postulado de que la conciencia social está determinada por el ser social: me volví, según yo, materialista dialéctico.
El estudio del marxismo me llevó a ligar el pensamiento con la acción, o al menos a intentarlo. La admiración que tengo hacia hombres como el Ché Guevara, Fidel Castro, Camilo Torres, Lucio Cabañas, el profundo impacto emocional de un 1968 mexicano, olímpico y sangriento. Mi afán por terminar con todas las represiones emocionales, ideológicas y sexuales que el sistema me creaba y la consecuente necesidad de cambio en mi persona. Todo eso me llevó a ser, durante algún tiempo, uno de los líderes de un movimiento estudiantil que se moría.
"Mi" movimiento, mi temporal motivo de existir murió; una niña que no tenía nada de excepcional; mi fracaso escolar y el rompimiento conyugal de mis padres, me han obligado y me obligan a tomar la vida con más calma, con la esperanza de que mi existencia sea tan feliz como cuando era gordito, de tener por primera vez en mis cortos años de vida una coexistencia emocional, intelectual y sexual con una sola mujer; conocer todo lo que mi capacidad permita y colaborar en la destrucción de un sistema social y en la construcción de un mundo nuevo, aunque mi vida quede en el intento.
Soy un hombre en mi gloria y un niño en mis sueños, viviendo mi vida entre los dos; un hombre hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos. Con la única diferencia de que mi existencia célibe hasta ahora, me está colocando en una dinámica caótica de cambio.
Marzo de 1976.
Dejame alimetar tu vanidad maestro, tus alumnas tenemos o rondamos la edad de tu AUTOBIOGRAFÍA PRECOZ, y yo me pregunto si alguna de nosotras podrá hacer eso que tu en aquellos tiempos, (y ahora n# de veces mejor). Che' maestro, eres re' bueno pa' la litereada. Ya me voy porque hasta vergüenza me da apuntar mis pseudo-palabras,en tu blog.
ResponderEliminar