Han pasado muchos años,
suficientes para que pocos
todavía recuerden algo.
Sin embargo,
el aroma de esos tiempos
sigue flotando en el aire.
Esa sensación de incertidumbre,
ira, angustia y desgarramiento,
todavía se presenta en las madrugadas,
antes lúcidas y hoy sombrías,
de los hombres ya maduros
que perdieron la esperanza.
Han pasado muchos ires
y venires hacia todos lados
y memorias hoy truncadas
no recuerdan ese olvido:
la omisión de la suficiente protesta,
la sumisión de la eterna impotencia.
Las buenas memorias de la mayoría
han borrado la historia de esos días.
Fósiles conscientes quedaron sepultados,
triturados bajo el precio fuerte
de absurdos apremios pecuniarios.
Los viejos resortes de la sensibilidad humana
se han enmohecido;
el poderoso brío de la creativa libertad altruista
disminuyó su impulso,
atosigado por el necio recuerdo renovado
de la vieja tradición individuocentrista.
De Cariñando en Humedades
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