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martes, 5 de enero de 2010

EL SEVERO DESENCANTO DE LA PEQUEÑA BURGUESÍA

De todos modos la soledad se extiende
La ciudad no es de sol ni está vacía
seguimos prolongando las angustias cotidianas
el aislamiento personal
y no es paradoja el sentirme solo
hundido entre mis pares mis coetáneos
es que la multitud no garantiza compañía
no importa que los sienta físicamente cercanos
de nada vale su proximidad
tampoco cuentan nuestras voces
afinadas en el mismo tono
pronunciadas desde la misma intención.

También nuestras caras expresan lo mismo
unos más cantantes que otros más lamentantes
unos menos sonrientes que otros más desesperados
Y de dónde viene el aislamiento
si es tan lindo transcurrir sentado
siempre a la vista y visitando a los demás.

De todos modos
no obstante nuestra necesaria solidaridad física
nuestro completo parecido
nuestra idéntica condición
la soledad se levanta majestuosa
disparando destellos de luces
negras rojas y amarillas
Se incorpora
levanta su ancho pecho poderoso
mira hacia abajo
y nos cubre con su sombra.

La ciudad no es de sol ni está vacía
La ciudad está repleta
pero no de esos seres que caminan
erguidos sobre sus dos piernas
perdidos en el laberinto urbano
La ciudad ni siquiera se llena
con esas viejas soledades
que oscurecen todas las presencias
y las convierten en ausencias

Esta es una soledad insípida
no se le encuentra aquel sabroso
sabor a melancolía
que inunda las tarde campiranas
cuando la ciudad sí es de sol
aunque esté vacía
tampoco es la clásica negra soledad
que lo inunda todo
ni la soledad incolora
que lo confunde
Esta es una soledad de tonos grisáceos
soledad tibia por no ser ni caliente ni fría
no es oscuridad ni luz
es sólo eso
sombra
y es la sombra de la soledad
la que le quitó el sol a mi ciudad

Esta soledad es una sombra amarga y tibia
que se extiende entre tumultos
ruidos de motor
claxonazos
histeria colectiva
y humo

Aquí entre esta multitud de automóviles
que se estorba a sí misma
sentado en mi pequeño confort
transcurro aislado
surcando junto con otros aislados
la sombría tibieza solitaria
de mi ciudad de humo

Millones de caballos de fuerza confundidos
inútilmente briosos
desperdiciados en el vano intento
de llevarnos a otro sitio
tal vez a dónde no haya soledad en el tumulto
tal vez a la soledad del vacío
tal vez a la no-soledad
o a la nada

Solo
yo mismo
en mí
con mi persona
envuelto en un largo río
de acero gasolina hule y caucho

Velocidades posibles de 140 180 y hasta 240 kilómetros por hora
Las agujas no rebasan los 40.

6 comentarios:

  1. Saludos y ¡Gracias! Por compartirlo... en el río de la información digital y virtual...

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  2. Sapito:
    Esta es una de tus poesías que siempre me ha gustado muchisimo, que bueno que la compartiste en tu blog, suena a Benedetti, a Huerta y a Sabines, pero con un enorme Cuauh al frente.
    Te amo
    Sué

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  3. Hola primo, casi me haces llorar. De inmediato busqué contra ejemplos de una multitud que acompaña, encontré los siguientes: el fin de alguna guerra en algún lugar, el triunfo de Allende en Santiago, el de los sandinistas en Managua, la caída del muro en Berlín, el triunfo de Fox en México y cuando gana la selección en algún campeonato mundial. Son excepciones, pero también cuentan.
    Saludos.

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  4. Tu como siempre, causando una enorme envidia de que las palabras que escribes reflejan al colectivo y sus emociones de manera tan clara pero con un razonamiento tan complejo que ni en mis mayores viajes mesosistémicos podría siquiera parafrasear. Gracias por compartir y dejar comentar,

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  5. ¿no te basta con sentirnos a tus coetáneos
    cercanos en espíritu?
    Escucho tu voz en el nórdico viento de estos días
    en el bullir del sencillísimo elemento
    que para infusiones es perfecto
    Tu voz resuena alegre cantaritos en agua inquisitiva y tierna

    Y sí... también me he cuestionado
    esos rostros... cansa sonreir para una cámara
    mas ¿sabes? jamás desistiré de sonreirme con la flor
    con las estrellas
    que quizá no se enteren -uno nunca sabe-
    pero son mi vehículo para llegar a tí
    y mirar esos tus ojos que sonríen.

    La soledad que duele viste los excesos
    es la ambición de un mundo doliente,
    me hablas de vacío, de la penumbra
    nisiquiera sabemos lo que es eso, lo ignoramos
    pero aún así nos duele
    y entre todos los absurdos
    pretende imponerse
    mas su pura presencia le desmiente
    pues nunca estamos solos

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  6. Busco y no encuentro las palabra adecuadas, que decriban mi sentir con este hermoso poema, lo unico que puedo decir es gracias por compartirlo y por invitarme a vivirlo, por que el breve instante que que mis ojos se deslizaron y comieron palabra por palabra me entrometi a ese instante que en algun momento tambien he vivido tal ves no en el mismo modo, forma, tiempo y espacio pero si en el mismo sentimiento
    gracias super profesor
    su alumna que lo admira
    elideth

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